Un peluche despierta amor y ternura en manos de cualquiera, por eso es el regalo perfecto tanto para los más pequeños de la casa como para los más mayores.

El peluche es el portador de buenos sentimientos, un elemento donde el niño puede volcar su cariño en el momento que lo precise, lo que es especialmente bueno para su salud mental.

Con un peluche se transmite cariño y energía positiva, sin necesidad de palabras. Despierta un derroche de emociones en quién lo recibe, al margen de su edad. Pues también en la vida adulta ejerce una función positiva. 

Pero es especialmente bueno para los niños, al permitirles mostrar afecto en cualquier momento. El peluche se puede convertir, además, en su mejor amigo. Es muy habitual en niños de entre 2 y 7 años tener amigos imaginarios, por lo que no es de extrañar que el regalo que le hacemos estas Navidades termine convirtiéndose en él. 

 

Es muy probable que el niño o niña duerma con el peluche, lo lleve en sus viajes o lo transporte constantemente de un lugar a otro de la casa, lo que significa, precisamente, que está cumpliendo su función. La de ofrecer compañía, pero también la de despertar la imaginación del niño y la de provocarle sentimientos de afecto.

Es decir, el peluche puede convertirse en el objeto de apego necesario en los más pequeños. Y esto, según la psicología, permite al niño sentirse querido en todo momento cuando la figura de sus padres no está presente. Por eso, si el regalo lo realizan papá o mamá será todavía más importante para el niño o niña. 

Por todo eso, los peluches son ese regalo que no puede fallar, que aporta amor en Navidad y durante todo el año.